Jorge Dagnino Sepúlveda (1994). Definiciones y
clasificaciones del dolor. Definiciones y
clasificaciones del dolor. Consulta
del 3 de Octubre de 2015. Disponible en: http://escuela.med.puc.cl/paginas/publicaciones/boletin/html/dolor/3_2.html
He decidido escribir a partir de esta bibliografía porque
muestra una definición muy acertada de lo que es el dolor y además explica los
tipos de dolor que existen.
El autor define el dolor como una experiencia individual,
una sensación que se siente y esta es
desagradable. Habitualmente existe un estímulo nocivo que produce daño tisular
o eventualmente lo produciría de mantenerse. Por otra parte, muchas personas
refieren dolor en ausencia de daño tisular o causa fisiopatológica conocida;
sin embargo, esta experiencia debe ser aceptada como dolor, puesto que no hay
manera de distinguirla de aquella debida a un daño tisular efectivo. Otra
manera de expresar el concepto de la naturaleza subjetiva del sufrimiento, es
"dolor es lo que el paciente dice que es".
Podemos encontrar varios tipos de dolor:
Dolor agudo à Aquel causado por
estímulos nocivos desencadenados por heridas o enfermedades de la piel,
estructuras somáticas profundas o vísceras. También puede deberse a una función
anormal de músculos o vísceras que no necesariamente produce daño tisular
efectivo, aun cuando su prolongación podría hacerlo. Los factores psicológicos
tienen una importante influencia en la manera en que se experimenta el dolor
agudo, con raras excepciones éste no obedece a causas psicopatológicas o
ambientales. Esto contrasta con el dolor crónico, en el que estos factores
juegan un papel principal. El dolor agudo asociado a una enfermedad previene al
individuo de que algo anda mal. En algunos casos, el dolor limita la actividad,
previniendo un daño mayor o ayudando a la curación. Sin embargo, el dolor agudo
persistente e intenso puede ser deletéreo en sí mismo, con efectos
potencialmente dañinos que se manifiestan con una respuesta neuroendocrina
generalizada y a nivel de diversos sistemas.
Dolor crónico à
La persistencia del estímulo, de la enfermedad, o de ciertas condiciones
fisiopatológicas, puede conducir al establecimiento de un dolor crónico. Se
define como aquel dolor que persiste por más de un mes después del curso
habitual de una enfermedad aguda o del tiempo razonable para que sane una
herida, o aquel asociado a un proceso patológico crónico que causa dolor
continuo o recurrente. El dolor crónico tiene efectos fisiológicos,
psicológicos y conductuales sobre el paciente y su familia, además de un costo
social enorme. Podría decirse que mientras el dolor agudo es un síntoma de una
enfermedad o traumatismo, el dolor crónico constituye una enfermedad en sí
mismo. La mayoría de los pacientes con dolor crónico no manifiestan las
respuestas autonómicas y el patrón neuroendocrino característicos del dolor
agudo, a menos que existan exacerbaciones. Cuando el dolor es continuo o casi
continuo, la respuesta se extingue, apareciendo diversos cambios, muchos de
ellos desencadenados por la inactividad que se observa frecuentemente en los
pacientes con dolor crónico. Hay pérdida de masa y de coordinación muscular,
osteoporosis, fibrosis y rigidez articular. La menor fuerza muscular puede
llevar a una alteración respiratoria restrictiva. Hay un aumento de la
frecuencia cardíaca basal y una disminución de la reserva cardíaca. En el sistema
digestivo se observa una disminución de motilidad y secreción, constipación y
desnutrición. Con frecuencia se observa retención urinaria e infección. También
suele haber depresión, confusión, alteraciones del sueño y disfunción sexual.
La respuesta inmunitaria está alterada por el estrés y la desnutrición. Estas
consecuencias físicas y psicológicas, frecuentemente devastadoras, pueden
observarse en prácticamente todos los pacientes con dolor crónico. Es obvio
entonces que no se puede hablar de dolor crónico benigno, en contra posición al
dolor asociado a cáncer, sino que es preferible referirse a dolor crónico no
oncológico y dolor crónico oncológico.
Aparte de los
anteriormente nombrados podemos encontrar también dolor somático, neuropático
y/o psicogénico:
- Dolor somático à
es aquel que aparece cuando un estímulo potencialmente dañino para la
integridad física excita los receptores nociceptivos. Estrictamente, debiera
incluir el dolor originado en cualquier parte del cuerpo que no sean nervios o sistema
nervioso central; sin embargo, frecuentemente se habla de dolor somático
propiamente tal cuando los receptores están en la piel, músculos o
articulaciones, y de dolor visceral cuando los receptores activados por el
estímulo están en una víscera. El dolor somático es habitualmente bien
localizado y el paciente no tiene grandes dificultades en describirlo. El dolor
visceral, en cambio, es frecuentemente menos localizado y puede ser referido a
un área cutánea que tiene la misma inervación. Por ejemplo, el estímulo de
receptores en el miocardio activa aferentes viscerales que terminan en los
cuatro primeros segmentos medulares torácicos; esta información converge sobre
la misma neurona que recibe los estímulos cutáneos, por lo que el dolor es
referido muchas veces al hombro y brazo izquierdos. La activación crónica de
estos elementos puede evocar dolor referido, efectos simpáticos locales,
contracciones musculares segmentarias y cambios posturales.
- Dolor
neuropático à
es el que resulta de lesiones o alteraciones crónicas en vías nerviosas
periféricas o centrales. Puede desarrollarse y persistir en ausencia de un
estímulo nocivo evidente. El paciente frecuentemente usa términos poco usuales
para describirlo, por ser una experiencia nueva. Los síntomas pueden ser
focales o más generalizados. Característicamente, el síntoma se presenta como
una sensación basal dolorosa o quemante (disestesia), con hiperalgesia
(respuesta exagerada) o percepción de un estímulo cualquiera como doloroso
(alodinia). Estos términos se agrupan en el de hiperpatía y son característicos
de una hipersensibilidad alterada.
- Dolor psicogénico à
ocurre cuando el paciente describe problemas psicológicos como ansiedad o
depresión en términos de daño tisular, verbalmente o a través de su comportamiento.
Si bien el daño puede o pudo existir, el problema central es la amplificación y
distorsión de esos impulsos periféricos por el estado psicológico.
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